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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Críticas sobre Carni di prima qualità.



La rebelión de la carne ( Crítica de Cristina Redondo- Responsable actividades delMuseo Artium –Vitoria )

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A propósito de Carni di prima qualitá, de Natxo Montero y Patricia Fuentes en ARTIUM.

Los abrazos duelen, tanto o casi más que los imposibles. Natxo Montero y Patricia Fuentes son dos que se abrazan, se tocan, se pegan, se lanzan, se miran, se desafían, se precipitan, se miden… tienen carne que exponen, sin artificio, en una escena limpia, cuajada de blancos, de negros, y de nada.  La piel se vuelve roja, se entumece, se encoge, porque hiere y es herida.

La mano que sirve para acariciar aventura otras hazañas; como en la vida, somos capaces de lo mejor y lo peor a un mismo tiempo. Y suenan los trozos de cuerpo que se chocan como si quisiéramos regresar al ruido primigenio que debió de ser y se ha olvidado. Tiene dureza, la composición de Montero, y los imaginarios vuelan hacia otras realidades alejadas de la representación escénica. Al fin y al cabo los artistas hablan de la vida, del dolor y de la muerte, los universales aparecen simplificados en el gesto del golpe.

Ellos están ahí, bailarines desnudos que apenas contienen el aliento. No pueden hacerlo porque el gesto implacable no se detiene nunca. Apenas hay silencios en esta composición, se retan constantemente, en el aire, en el suelo, a pedazos, incluso se enredan en rabietas infantiles que arrancan sonrisas.

El público parece absorto en el latido del cuerpo percutido, cuando se lanzan uno sobre otra, cuando la una toma al otro y lo sacude pensándole un muñeco roto.  Pero son fuertes y salvajes, siempre se levantan y siguen encarando con la misma valentía la jugada que plantea el oponente. Juego por juego, roce por roce, tiempo por tiempo. Es la conquista del cuerpo por el cuerpo, un derroche de técnica precisa y medida para demostrarnos que cuando la carne habla, posiblemente sobran otros discursos, que la contundencia de lo físico sobrecoge de igual modo que otros ejercicios de pura intelección.

Otras veces, los artistas parecen tocarse desde el aviso «Eh, estoy aquí ¿no me ves?» se tratan como adversarios ¿adversarios? Pero luego se abrazan y se contienen, se sostienen para no caer en los abismos.  La escena es una metáfora accidentada de nuestros gozos y sombras, es un panorama blanco donde vertemos la carne roja o el abrazo que duele.

Natxo Montero y Patricia Fuentes ofrecen una propuesta arriesgada porque en un mundo donde abundan los simulacros y las simulaciones, los artefactos que engañan, las contaminaciones y ciertos ruidos, ellos apuestan por contarnos una historia sencilla sin vehículos intermedios que expliquen nada que no sea la gran evidencia de la noche: que la carne es el principio.

Hay cierta perfección en algunos dibujos escénicos, cierta ejecución musical en los sonidos planteados, que presupone un estudio minucioso previo. Hay contundencia en la entrada, algo que rasga la piel, incluso, quizás el riesgo pase por perder al espectador poco concentrado en los caminos medios.

Lo que es indudable es que estos dos son fuertes, mucho, y desde luego no tienen miedo.



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